Si algo caracteriza el cine del director Darren Aronofsky es que no es complaciente ni amable con el espectador, y su último trabajo no es una excepción. Para apreciar esta película, el espectador deberá desprenderse de cualquier expectativa y dejarse llevar; que al final la experiencia le resulte satisfactoria, dependerá enteramente de cada cual.
Pero no se asusten, no es esta una película tan compleja ni extraña como para que no pueda ser comprendida, ni se requiere ser un miembro de los que rinden pleitesía a la película Donnie Darko (para mí, el epítome del esnobismo); ni tan siquiera es necesario ser tan presuntuoso como para escribir un blog en internet. Otra cosa es que en su desarrollo, Black Swan se aleja bastante de la forma de narrar habitual en la inmensa mayoría de las películas comerciales.
