El retorno de Belén Rueda al género de terror como la scream-queen española por defecto, por incomparecencia de rivales, no se puede considerar un éxito, más por las carencias de la película que por la propia actriz.
Desde el primer momento El Vestido muestra que aspira a un público internacional, en su estética y en su escenografía, con la protagonista conduciendo un gran Muscle Car de los años 70, mudándose a una casa unifamiliar de madera con jardín, y con la niña de la película atendiendo a una escuela internacional en un gran edificio en el centro de una ciudad inespecífica. Y en la búsqueda de ese público huye de cualquier localismo que la pudiera anclar y hacerla diferente y original, convirtiéndose en un producto banal ya desde la historia y siguiendo por sus personajes, a los que ni siquiera se les dota de un mínimo de líneas de diálogo que les permitan desarrollar su fondo y su personalidad. Por no hablar de secundarios que aparecen en un par de escenas y que no aparecen más, sin que se pueda considerar que su presencia aporte nada a la historia.
En estas circunstancias, lo mínimo esperable es que el resultado sea por lo menos entretenido, pero lo mejor que se podría decir de El Vestido es que es corta de duración, si no fuera porque precisamente a la historia le falta rellenar los huecos para poder ser mínimamente pasable. Con el montaje que ha resultado, no es que haya huecos de guion exactamente, sino que la película resulta genérica por todos lados.
Respecto al principal reclamo de la producción, que es la participación de Belén Rueda, como comentamos al principio no consigue brillar, en mi opinión por ser una mala elección de casting para el papel de una madre de una niña de 10 años recién divorciada. Simplemente, no convence en ese papel, independientemente de su acreditado recorrido profesional.
Respecto a la otra protagonista de la historia, la actriz infantil Vera Centenera, no transmite nada, ni te la crees en ningún momento. De nuevo, cuesta decir que ello sea culpa de la actriz, cuando el guion, los diálogos ayudan tan poco. Y creo que la dirección de actores puede tener también mucho que ver.
Lo que salvaría de la quema sería el trabajo de la actriz Elena Irureta, que es la única que llega a convencer en un pequeño papel, a pesar de apenas tener líneas de diálogo y de una definición de personaje como mínimo errática.
En resumen, El Vestido es una película del género de terror genérica falta de desarrollo, con el único atractivo de una Belén Rueda encarnando a un personaje para el que no da el papel.

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